jueves, 15 de marzo de 2012

20 años no son nada.

Siempre dejabas la pelota en mi tejado. Me permitiste llegar, amarte, y luego marcharme. Y echarte de menos. Y regresar para volver a quererte. 

-Aunque pasen 20 años.
-¿Tanto? 
-Llámame.

1 mes después.
-Y en este tiempo, ¿has conocido a alguien?
-A nadie.

Un año después. El último día.
-¿Y si mi avión se estrella? Lo lamentarás si esta es la última vez que hablamos.
-Bicho malo nunca muere.

Siglos más tarde. 

Borré tu móvil pero podría marcarlo de memoria... y contartélo: que no hay día, ni uno solo, en que no te piense un ratito. 


-Aunque pasen 20 años. Vuelve si quieres volver. Te lo repito para que te quede claro.


Ni nos vemos, ni nos oímos, ni nos tocamos. Pero creo que sabes que tengo a quien me cuenta que, a veces, esperas mi llamada. Y lo peor de todo es que hasta yo me imagino llamándote. 


Y sí, incluso hay días en los que también me siento a esperar a que me llames.

Pero no lo hagas. Yo prometo tampoco hacerlo. Aún no. Todavía no han pasado 20 años.



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