domingo, 16 de diciembre de 2012

Abogada del diablo. I


-Quiero repetirlo.
-¿El qué?
-Caminar diez centímetros por encima del suelo.
-He tirado los tacones.

Última conexión. Hace 30 segundos.

- (Oxígeno.) Estoy tres esferas más allá.
-¿El desierto?
- El polo..
- Te recojo a las cinco. Las voy a traspasar todas y me da igual lo que pienses.

-Esto se acabó.
-Ni de coña.


Samsung Galaxi estampado. Kleanex.

Pasa cuando defiendes al diablo y el diablo va contra ti. Pérdidas de dignidad constante. Y consciente.

lunes, 3 de diciembre de 2012

It doesn't work

Perdió las llaves. Las colillas. El humo del cigarro. La tos con sabor a nicotina. Perdió hasta las ganas de fumarse los problemas.

Usuario y contraseña no concuerdan.

No funciona internet cada vez que busca tu nick y tu nombre falso.

-Tan cerca y tan lejos. Como si los planetas se alinearan para que los caminos nunca más se crucen.

It doesn't work. 
It's over.

-Tú para atrás, como los cangrejos. Esto te pasa por robarle internet al vecino y no tener agallas para renegociar con los de Vodafone.

((Apagada o fuera de cobertura.))










viernes, 23 de noviembre de 2012

Las siete diferencias

Aquí, detrás de la cortina, debajo del sofá. En el tic-tac del despertador. Deslizándose por los nudillos hasta las yemas de los dedos. Y de ahí al teclado. Y luego en el duermevela. Y en las palabras de ella. Y en las de él. Y en las de aquella también.

-No quiero saber qué tipo de vida de mierda llevabas.
-Vale.
-Ni qué guardan tus silencios.
-De acuerdo

Como si comparas a Antonio Tabucchi con Federico Moccia. O el salado con el dulce. O el 24 horas con Telecinco. O el semidulce con el calimocho.

-Por qué te empeñas en buscar las siete diferencias.
-Es que aún no tengo claro que me hayas encontrado a mí.


La cojo. La enfrento. 
-Creo que no necesito abuela.

La carrera ha empezado y yo llevo sin fondo mucho tiempo. 
-Yo estaba antes.
-Yo no he venido a competir con nadie.

Hay días en que no necesito ases en la manga. Y otros en los que llevo el miedo metido en las botas.

-Yo también cuento hasta cinco antes de que el terror me empape. Aunque tú no lo sepas.






miércoles, 10 de octubre de 2012

Empezaba por C

Sólo oía el eco de los megáfonos de la estación. Y, más cerca, sus propios pasos, clavándose en el andén. Dentro del bolso, el zumbido del teléfono móvil.

-Empezaba por C, creo, aquel pueblo donde alquilaste esa habitación sin casi ventanas. No me gustan los sitios sin luz.
-¿Por qué quieres recordar?
-En el baño se escuchaba el eco, y no había nadie por las calles.
-¿Dónde quieres llegar?
-El agua de la bañera casi no hacía espuma. Sólo recuerdo vapor, calor y...
-¿Y no estuvo mal?
-Y soledad.


Sólo oía el eco de los megáfonos de la estación. Y más cerca, sus propios pasos, clavándose en el andén. Dentro del bolso, el zumbido del teléfono móvil. Y en su cabeza otra vez: cuándo, cuándo, cuándo. Dónde, dónde, dónde. Pero dónde está la puñetera salida.


lunes, 30 de julio de 2012

Mátame

-Hazlo otra vez
-¿El qué?
-Mirarme como si quisieras matarme
-Si fueras una cobra sería capaz de acuchillarte a dentelladas y morirme contigo bebiéndome tu veneno.


-¿Desde cuándo te morías por tocarme?
-¿Desde cuándo te robo el aire?
-¿Desde cuándo te deshaces si te respiro?
-¿Desde cuándo te derrites?


-Ya, ya,yaaaaaaaaaaaaaaaa. ¿Por qué lo haces, dime, a ver, por qué lo haces?
-¿de qué estás hablando?
-Mirarme así. ¿no ves que no puedo respirar?
-Estás como las maracas.
-Ve llamando a la ambulancia, anda.

http://www.youtube.com/watch?v=Q5cSRGq3shs


((Hubo un día en el que lo imaginé todo sin atreverme a conocer los detalles. Otro, en que preferí pisar el acelerador y pasar de largo, intentar saltar por encima, ensayar para que no se notara que alguna vez pensaba en ti.

.......................

Lo peor es cuando sabes el momento exacto en que te vas a quedar sin aire y aún así lo deseas. Y apuestas todo a tu propia muerte. Y entonces, llega lo de respirarte, vivirte, morirme, deshacerme. Anda, quítame el aire. Anda, mátame.))





miércoles, 11 de abril de 2012

El escapista.

Debí sospecharlo aquella noche en la que me oí hablando en alto, como si te estuviera contando mi día, a pesar de que sabía que, como siempre, no había nadie más que yo en casa. Debí sospecharlo cuando empecé a preparar café para dos, para ti y para mí, aún sabiendo que acabaría tomándolo sola.

Debí sospecharlo. Y aún no entiendo por qué no lo hice.

Ni siquiera sé cómo es tu coche y hoy he creído verte en todos los que me he cruzado de camino al quiosco. Y al trabajo. Y a casa. Y a las clases de inglés. Y otra vez a casa.

Te he buscado en mi retrovisor. En los intermitentes, en las rotondas. Hasta en el asiento de copiloto de los taxis.

-Mañana te llamo
((Lo cojo, lo miro. Casi le suplico. Pero a mí el silencio de este móvil no me dice nada de que me extrañas.))

-Quiero estar en tu vida todo el tiempo.
((He buscado por los rincones de mi saliva, en las cajas apiladas dentro de mi corazón. En todos los pasillos de mis venas. Y no te encuentro.))

-Vente conmigo si quieres saber lo que es magia.
((No me digas que me he enamorado de un escapista.))



martes, 10 de abril de 2012

No saldrá bien. O sí.

-Ro-to. Tú sólo has sido la última gota que colma el vaso. El último empujón a la escoba que recoge el último de los añicos, ¿vale?
-Pero tú.. yo...tú ¿No te das cuenta de que es imposible que salga bien?
.............................................
..............
.....
...

-Y encima te vas. ¡En serio te vas! ...............................¿En serio?
-Mi vida, es viernes de Dolores.
-??????????????????????????????????????????????????????¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿???????????
-¿pero qué he dicho? ¿qué pasa ahora?
-¡Que no tienes nada que ver conmigooooooo!!! ¿es que no lo ves?
- Corre, dame un beso, que me voy.

((Se fue y la dejó allí, queriéndose desenamorar de él en aquel mismo instante. Y sin embargo, amándole más todavía. Aquello no iba a salir bien. O sí. Quién demonios lo sabía.))





jueves, 29 de marzo de 2012

Las cosas perfectas.

Una vez al mes (al menos), tengo ganas de llorar. Y otra, de borrarme del mundo. Lo que pasa es que no puedo contártelo. Es como si una especie de afonía me atormentara cada vez que tengo que pedir ayuda. Menos mal que, a veces, también ocurren los milagros. Como cuando se enciende la luz roja de la pantalla de mi móvil y....



Y de repente, vuelve la sonrisa. Y enseguida, las ganas de vivir. Y de pronto, tú otra vez: abriendo puertas a patadas.

-¿Sí?
-Pues claro, tonta. Llevo todo el día muriéndome por ti. Baja, que te estoy esperando en el coche.

((Tienes el poder de convertirme en boomerang, de hacerme volver con más fuerza. Incluso cuando ya casi me cuesta creer en mí. De desenterrarme. De hacerme grande.))

-¿Te he dicho alguna vez que eres perfecta?
- Tú lo que estás es perfectamente ciego. Arranca de una vez.
-A sus órdenes, princesa.

((Algún día te robaré la varita con la que consigues que todo sea como un sueño. Como me llamo Mariela)).







martes, 20 de marzo de 2012

La Constitución de 1812, Extremadura y el periodismo. (Y lo que no puedo evitar)


Hay días en que todo se confabula para no acordarte del cumpleaños de tu amiga. Y otros, en los que cualquier escaparate, anuncio de televisión, mirada o canción te recuerda a la persona de la que te has enamorado. También están esos días en los que te olvidas incluso de ti. Y esos otros en los que en tu mente está tan llena de pájaros que sólo caben en ella ideas propias de un videoclip de Lady Gaga. Días en los que no eres tú la que piensas, sino que todo se pone de acuerdo para que tu atención selectiva te torture o te emocione, según como se mire.

Desde hace meses no hay mucho más que ocupe mi cabeza aparte del trabajo. No es la primera vez que me pasa. Y no sé si es suerte o desgracia, pero lo que sí que puedo asegurar es que, al menos, es apasionante. Y como mi mente está casi sólo y exclusivamente en mi vida laboral, al final los planetas se se alinean sí o sí, para que sucedan cosas extraordinarias en mis ocho horas diarias de redacción, llamadas y rodajes.

Como lo que me sucedió hace un par de semanas. Sin preverlo, ni esperarlo tuve delante de mí un nuevo reto laboral. Y sin producirlo, ni quererlo, ni tan siquiera soñarlo, llegó la sorpresa. Y, en medio de una mañana de vértigo y toda una espiral de desafíos, allí estaba: lo inaudito, el broche final. Y me encontré tocando con los dedos este trocito de historia.



Impreso en el siglo XIX. Es la biografía de Diego Muñoz Torrero. Extremeño, de Cabeza del Buey, constituyente de La Pepa. Un protagonista indiscutible en Las Cortes de Cádiz, la conocida como cuna de las libertades. Hay quien asegura que sus ecos, los de Muñoz Torrero, todavía resuenan por las calles de San Fernando.

Perseguido por Fernando VII y torturado por la Inquisición. Olvidado hasta la muerte en una cárcel portuguesa. Cuentan que, cuando acabó de hablar en San Fernando, todo el mundo supo que el Siglo XVIII había terminado.

Dice el cronista de Cabeza del Buey, Vicente Serrano, que era un hombre intachable. Y que su principal logro fue asentar en España la democracia. Vicente Serrano lo denominó el tercer gran paso de la humanidad, y me puso los pelos de punta. Nos contó también que Muñoz Torrero fue el primero en pronunicar juntas en nuestro país las palabras soberanía y nacional. Y el responsable de que ese principio democrático quedase reflejado en el diseño de esta bandera. La única en el mundo con la palabra democracia, bordada a mano por las monjas del convento del pueblo pacense.



Las palabras de Serrano, la diligencia de la concejala de Cultura y la dulce voz de la bibliotecaria mientras pasaba las páginas de esta reliquia me hizo recrearme en su historia.

Entre los once extremeños constituyentes de la Carta Magna de 1812, Muñoz Torrero destacó por méritos propios. Fue el padre democracia, sentando las bases de la que hoy conocemos. Pero no sólo, sino que fue mucho más. Nada más y nada menos que el padre del periodismo español.

En aquellas Cortes, cuando tomó la palabra, salieron también de su boca  los términos libertad de prensa, de imprenta, de ideas, de escribir. Las defendió incluso hasta la muerte. Y se convirtió en el primero que se empeñó en poner negro sobre blanco la necesidad de que el periodismo fuera el contrapoder, el cuarto poder... o simplemente, el primero que entendió que sin periodistas no hay libertad ni tampoco democracia.



Y entonces ocurrió. Decidí que todos los astros se habían puesto de acuerdo para que yo me encontrara aquel día con aquella historia. Tocó cerrar el libro, recoger los cables, dejar de grabar y poner un titular al día: un gran día.

Un día en el que todo se había confabulado para olvidarme del cumpleaños de una buena amiga. Y también de quien a veces me parece que me estoy enamorando. Y luego, cómo no, también me olvidé de mí. Un día de locos que acabó convirtiéndose en uno de esos que al final califico de perfecto desde el duermevela en mi cama, cuando estamos solas yo y la luz de la pantalla de mi blackberry.

Democracia, libertad, periodismo  y Extremadura. Qué más podía pedir.

Diréis lo que queráis, pero cada vez estoy más segura de que no soy yo, sino que todo está dispuesto para que cada día me enamore más de mi trabajo. Es lo que no puedo evitar. Enamorarme de mi trabajo y de los principios por los que me rijo en mi día a día laboral: que sin periodismo no hay democracia. Ni libertad, ni tampoco dignidad.


jueves, 15 de marzo de 2012

20 años no son nada.

Siempre dejabas la pelota en mi tejado. Me permitiste llegar, amarte, y luego marcharme. Y echarte de menos. Y regresar para volver a quererte. 

-Aunque pasen 20 años.
-¿Tanto? 
-Llámame.

1 mes después.
-Y en este tiempo, ¿has conocido a alguien?
-A nadie.

Un año después. El último día.
-¿Y si mi avión se estrella? Lo lamentarás si esta es la última vez que hablamos.
-Bicho malo nunca muere.

Siglos más tarde. 

Borré tu móvil pero podría marcarlo de memoria... y contartélo: que no hay día, ni uno solo, en que no te piense un ratito. 


-Aunque pasen 20 años. Vuelve si quieres volver. Te lo repito para que te quede claro.


Ni nos vemos, ni nos oímos, ni nos tocamos. Pero creo que sabes que tengo a quien me cuenta que, a veces, esperas mi llamada. Y lo peor de todo es que hasta yo me imagino llamándote. 


Y sí, incluso hay días en los que también me siento a esperar a que me llames.

Pero no lo hagas. Yo prometo tampoco hacerlo. Aún no. Todavía no han pasado 20 años.



martes, 6 de marzo de 2012

El Pimkie y las tontas.

-Le he visto. Iba con... esa.
-Perdona, yo es que de impresentables no hablo.
-¿Ni tampoco piensas?
...............................................................
.......................................
...................................
-¿Qué dices que ha llegado nuevo al Pimkie?
-¿perdona? ¿Al Pimkie?
-Sí, coño, al Pimkie.
-Habría sido más creíble preguntar por la Fnac. O por la sección de quesos del Carrefour. Incluso por la de cosméticos del Mercadona.
-No. Yo sé lo que me digo. Pegas de puta madre en uno de esos escaparates del Pimkie. Un trapito poligonero es ideal para estos días en los que haces de perfecta metomentodo y toca huevos.
-Sé que algún día olvidarás a ese imbécil. Por eso no te mando a la mierda y sigo siendo tu amiga.

Acabó la conversación escupiendo y luego se fue gritando: "Yo que voy a estar rayada ni rayada!!"

((El café, otra vez, me tocó pagarlo a mí.))





lunes, 27 de febrero de 2012

Los medios pasan, los profesionales permanecen

Los viernes son mi día oficial de no hacer nada. O casi nada. Para mí no cuentan como tareas leer el TimeLine del Twitter o poner de fondo el 24 horas mientras me preparo el café. La explicación al día oficial de "moneo" (del verbo "monear") es que mi semana laboral empieza los sábados y, por lo tanto, los viernes son domingo.

Aclarado esto, empezaré diciendo que este viernes no fue un viernes cualquiera. Me levanté tarde (mucho), había visita en casa, y tuve una tarde en la que sin currar... tuve algo de curro.  Nada del 24 horas, y poco...sólo un poco de Twitter. Lo justo para atragantarme con un titular vomitivo: "Público cierra el domingo".

Tras deshacerme de compromisos varios, pensé: "No puedo renunciar del todo a esta preciosa tarde". Y me regalé un paseo al centro. Crucé los casi 800 metros del puente romano de Mérida y, viendo de lejos la Alcazaba, empecé a pensar en ellos: al final todo al garete. A Público le callan la boca este domingo. Sólo le dejaron respirar cinco años. 

Y en mi atardecer emeritense, volví a poner caras a esos redactores sin rostro. Fue fácil. Les atribuí a todos ceños fruncidos, puños apretados y pasión en los ojos: actitudes de lucha hasta el final por hacer buen periodismo.

Me paré en el quiosco y pedí el número del día. "Lo compraré hoy y encargaré el de mañana y el del domingo, para no arriesgarme a perderlos", me dije. Y, en ese mismo instante, alguien comentó: "al final, hoy es el último ejemplar. Los trabajadores dicen que ya no salen más"

Rebusqué en mi monedero y pagué con un suspiro. Y me senté en un banco a leerlo. Lo hice como quien se sienta delante de una tumba pensando que no hay epitafio que pueda expresar el vacío que deja el que se ha ido.

Pasó el viernes, y el sábado. Y ayer domingo nació The Sun, de Rupert Murdoch. El mismo que, cuando tuvo que cerrar The News Of The World por el escándalo de las escuchas telefónicas, dijo aquello de "Lo sentimos, equivocamos el camino".

Y también ayer, casualmente, un amigo fiorentino me comentaba que, en Italia, hay periódicos doblando campanas que, de igual modo, suenan, como aquí, a réquiem.

No voy a analizar si esos medios italianos equivocaron o no el camino. Tampoco si lo hicieron los gestores de Público. Pero sí voy a pararme a decir que tengo claro quién no se equivoca.

No son ellos. No confunden el camino los redactores, los que viven para contar historias, los profesionales que hacen periodismo. Los que en vez de matar, dan vida a los medios. Ellos no. Ellos sólo miman las palabras y perfeccionan sus titulares. Sólo hacen su trabajo. (Tampoco los cámaras, maquetadores, fotógrafos, realizadores, técnicos, grafistas y un larguísimo etcétera).

Los periódicos, las teles, las radios,...nacen y mueren. Incluso, a veces, se reproducen. También en Extremadura, el lugar en el que me paso las horas contando noticias e historias. Hace nada se nos fue Extremaduraldia y, aún con la rabia por su despedida, hemos vuelto a poner la sonrisa para dar la bienvenida a una nueva revista, a Informe Semanal Extremadura.

Lo dije y lo mantengo. Cuando un medio muere, un periodista resucita.  Y añado, que cuando otro vuelve a nacer, sea de la línea editorial que sea, y del magnate o anunciantes que sea... el periodista ya está ahí, esperándole para soplarle vida.

Los medios pasan... los profesionales, permanecen.

Y lo más importante, independientemente del medio, como siempre, es tener claro para qué sirve realmente hacer periodismo.











viernes, 24 de febrero de 2012

De cine. O de anuncio.

-¿Qué piensas de mí, después de haberte invitado a cenar en ese bar de polígono industrial?
-Que estás más bueno que Leonardo Di Caprio. Y eso a pesar de la ensalada sin aliño.
-¿Y si resultamos ser sólo náufragos después de este crucero----aladeriva?
-Si con mirarte consigues que me derrita, créeme: no habrá iceberg con agallas para acercarse.
 (Estoy volando.............y no eres Jack. Eres más guapo, más hombre, más todo.)


-¿A dónde la llevo señorita?
-A las estrellas... (Mi Gps indica meter la quinta hasta nuestro paraíso del sur).

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-Como el amor del Titanic. ¿Lo nuestro es de cine?
-O de anuncio. Como en uno de Movistar.
-O de Coca-Cola.

-Esa gente nos mira.
-Envidia.
-No me extraña, si estoy con George Clooney versión española.

-A quinientos metros los desconocidos más próximos.
-No tengo bikini.
-Qué más da.

(Y soplaba la brisa. Olía a pescado y a mar. Volaba una sábana. Sal en los labios. Vino en las venas. Chupar caracoles. Camarón. Las olas. Deshacerse. Licuarse. Y que vuelva a reproducirse por enésima vez el CD de Alejandro Fernández.)





martes, 21 de febrero de 2012

Ni el fútbol, ni el heavy, ni la carne de caza.

Son cosas que los míos saben. Que no me gusta el fútbol, ni el heavy, ni los perros. Tampoco los tatuajes. Ni la carne de caza.

Río y me retiro con una servilleta de papel la espuma de la caña con limón de los labios. Cuento las anécdotas de hoy. Y me enfado con los titulares negros del día.

Negaré haberlo dicho, pero sé que espías cada detalle. Y negaré también que desde que me levanto descuento los segundos para sentarme en un taburete y apoyarme en la barra de ese antro. Para hacerme masculina si hace falta y mezclarme en tu mismo corro.

Siempre digo la verdad pero si me preguntan, esta vez mentiré.  Negaré que hoy, tras salir del bar, he escrito en esa servilleta aún mojada de cerveza que sentir que clavas tu mirada en cada uno de mis gestos y notar que sonríes mientras me muevo...han sido los mejores momentos del día.

No me gusta el fútbol, ni el heavy, ni los perros. Ni los tatuajes. Ni la carne de caza. Creo que me gustas tú. Pero eso ya te lo explicaré algún día, si es que me pides explicaciones.

((Cuando le conoció se hizo toda una experta en adiestrar al rabillo de su ojo para verle sin mirarle. Era un chico descarado y guapo, de mirada transparente. De las que atraviesan y se quedan. De las que Mariela sabía que no podría enfrentar y seguir luego como si nada.))





miércoles, 15 de febrero de 2012

Bucles y espirales.

A veces creo que te inventas a ese amigo al que dices que cuentas que estoy loca por ti. No te conozco bien, ni sé tu verdadero nombre ni cuál es realmente tu vida. Sé que sólo sé cosas a medias. Y cuando me veo a mí misma descubriendo, de repente, otros cabos que no puedo atar, siempre digo lo mismo: A ver, guapa...dónde, dónde coño aprendiste tú a soportar con la cabeza tan alta esta sarta de mentiras.




Sé que sabes que esta contractura que me maltrata el cráneo y la espalda está más retorcida desde que llegaste tú. Y sí, también sé que sabes..........que sé que me engañas.

-Morena, mírame a la cara y dime, ¿qué te doy yo, aparte de disgustos?
-Quizá si cerramos los ojos, y damos media vuelta, esto se acabe para siempre. ((O tal vez siga todo igual))
-No me dejes nunca.
-¿Dónde dices que tienes apuntado el número del fisio?

Tu bucle y mi espiral.
Las malditas dudas que cargan mi espalda y tu pecho son  "por qué" y HASTA CUÁNDO.

Sabes que lo sé, y puede que también sepas que ni siquiera me importa.

((Era cuando Mariela contaba los días para que la tierra se abriera y ae la tragara. A ella. No a él))









viernes, 10 de febrero de 2012

Llamadas perdidas.


-¿Te ha quedado claro? A ver, repítelo.
-Que si un día no me haces feliz, te mande a la mierda. Eso ya lo tengo apuntado.
-¿Y qué más?
-Que no borre tu número de teléfono.. por si se me ocurre volver algún día.
-Muy bien. ¿Te hago un esquema?



((Me pasó una tarde, el mes pasado. Me comieron el bullicio, los cláxones y el ruido de las cajas de fruta que alguien lanzaba contra los contenedores. Madrid me asaltaba y se vengaba, sin importarle quién era, ni de dónde venía, ni todo lo que me había prometido sobre aquello de ser la ciudad de mis sueños. Volví la cabeza y entonces pude verme a mí...entre la gente: SOLA. A punto de llorar. Haciéndome pequeñita. "Llamo a la policía", pensé. Y marqué. Sólo después del primer tono me di cuenta de que aquello no era el 091 sino ese otro número. El tuyo. Marcado en la pantalla de mi nuevo Samsung Galaxy. Imaginé tu cara, sorprendido, dudando, tu corazón desbocado, como el mío. Pero cómo diablos he podido equivocarme. Colgué.

Luego la locura, el nudo en la garganta, la boca sin saliva, el no poder respirar.


Y a los diez segundos, tu llamada......................... perdida.

Y otra vez, volver a olvidarnos)).





miércoles, 8 de febrero de 2012

El mantra.

-Repítemelo como un mantra.
-Guapo, guapo, guapo, guapo, guapo. Guapo. Guapo. Guapísimo.
-¿Y dices que por esos ojos que me atraviesan tú ves bien?

((Se enteró de que lo contabas por ahí. Que te gustaba descolgar el teléfono y escuchar cómo ella se moría por ti.))







martes, 31 de enero de 2012

Si no eres real.

Por fin llego. Por las escaleras me descuelgo el bolso, me aflojo la coleta, y me despinto la sonrisa que lleva desfigurándome la cara toda la mañana.

-Acércate, bombón, que voy a derretirte.
-No quiero.
-¿Qué te pasa?
-Que todavía me acuerdo de cuando dijiste que Natalie Portman estaba buena...y aún no he acabado de morir de celos.
-Digo en el trabajo, que qué te ha pasado.

((Como cuando un piloto de Fórmula 1 ha perdido una pieza o está sin combustible. Entro en boxes con sólo mirarte. Luego tu hombro. Tu respiración cerca de mi cuello. Tu abrazarme por la espalda))

-Chssssssss....nena. La Portman esa...
-¿Qué?
- Lo de la suela y los zapatos.

((Si no eres real, aún no me pellizques)).


miércoles, 25 de enero de 2012

Miedo.

Disculpa, pero voy a recostarme un rato sobre mi caparazón. Las patitas hacia arriba, así, moviéndose, cansándose, desesperándose. Extasiadas. Asfixiadas. Sin saber, si después de tanto esfuerzo, podrán o no evitar que me aplastes.

Como Gregor Samsa en La Metamorfosis. Kafkianamente quiero sentirme solo yo y defenderme de ti. 

-Pero nena, ¿por qué siempre estás de uñas?
-¿Quién? ¿Yo?


((Miedo. De eso que noto cuando te acercas. Cuando me absorbes. Cuando me succionas. Como los polos de una pila: me cargas aunque me quiera descargar. Me da horror sentir que inevitablemente me mezclo contigo.  Y tengo pánico al día en que no sepa quién está dentro de quién. Qué coño has hecho para que no me reconozca sin haberte olido antes.))

-Eres lo más bonito que ha parido la madre tierra. Ven que te vea.
-Casi nadie me ha visto desnuda. Pero tú que puedes... por favor, no me mires por dentro. (TODAVÍA)















lunes, 23 de enero de 2012

No te acerques.

No te acerques. Escucha, si quieres, sólo mi respiración. No puedo quitarme esta escafandra mientras camino por el espacio exterior. Lo he creado sólo para mí  y he establecido sus propias reglas. Aquí nada duele ni da ganas de llorar. Estoy a salvo de todo, incluso de ti.

-A veces no sé si me he enamorado de una persona o de una réplica de la dama de Elche.
-Algún día entenderás por qué soy de ese tipo de mujeres que nunca llevan kleanex en el bolso.




Respiro FUERTE. Cuando no estés volveré a ser de papel, de juguete, torpe, de hielo derretido. A arrugarme, a romperme, a resbalarme, a secarme. Sin que me veas. Sin que se note. Sin que lo sepas.

No...
...........te acerques.

jueves, 19 de enero de 2012

Haberlo pensado antes.

Por aquel entonces iba a clase diaria para aprender hablar con metáforas. Y después, con el equilibrista, perfeccionaba el baile sobre la cuerda floja... una vez a la semana. El maestro de esgrima le enseñó a sentirse cómoda entre la espada y la pared.


Era cuando Mariela podía respirar sin aire y llorar con sonrisas. Era, también, cuando era especialista en gritar con silencios.

-Esto nos va a llevar por delante, nena.
-(...) Haberlo pensado antes.







miércoles, 18 de enero de 2012

Lo que no cuento de ti.

-Como cuando me dijiste que era la única persona que podía convertir en infierno el mismo paraíso. Casi vomito la tortilla de camarones.

-¿Y también les has contado lo de aquella playa virgen? ¿Cuando me pediste que te hiciera el amor mientras las olas nos lamían los talones de los pies?

-Eso no cuenta. El mérito, que lo sepas, no fue de nadie más que del semidulce.

((Pongo en la balanza toda tu mierda y mi mierda juntas y siempre pesa más tu aliento. Tu respiración y tu boca acercándose a mi oído))

-¿Y qué más les has contado a esa panda de marujas?
-Que ya no me ponen tus canas.

((Lo que no cuento de ti, pensó para sí Mariela, es lo que ni yo misma me atrevo a creerme)).





miércoles, 11 de enero de 2012

Ya casi no me acuerdo.

-Ya casi no me acuerdo.
-¿De cuando te miraba y no podías ni respirar?

(Ni de cuando me gustaba arrastrar el pie por debajo de las sábanas y chocarme con tu tobillo.)

Lo dijo mirándose al espejo, fría, mientras las lágrimas de él caían sobre el cristal del cuadro con la foto de Mariela. Era su preferida. Era de cuando ella sonreía de verdad. Era de cuando él aún no se había olvidado de cómo hacerle vibrar.



Sumideros.

Y mientras estrangulaba las ganas de llorar, cerró los párpados y deseó muy fuerte poder derretirse. Y escurrirse por el sumidero, igual que lo estaba haciendo el agua que sobraba de la ducha. Y luego recorrer las alcantarillas de la ciudad...y dejar en cualquier pantano aquel mal rollito.

Era domingo en su alma,

y algunos domingos, a Mariela, le daba el bajón.



domingo, 8 de enero de 2012

Cuando un medio muere... (y un periodista resucita)

La adrenalina de una última hora. El sudor antes de un directo. Las carreras por la redacción. La vida redactada en un reportaje o convertida en noticia. Pintar primera. La fuerza de un sumario. La ráfaga mientras contienes la respiración. El avance que tiene que estar YA y que sale en forma de teletipo urgente. La GENTE.... asomada a través del cristal del estudio de radio, pegada a la pantalla, dejando el croissant que acompaña al café para leer tu columna. Todo eso que puedes sentir cuando tienes una historia entre las manos.

-Mamá no me digas que tenía mal el cuello de la chaqueta, dime si te has enterado de algo de lo que he contado.
-Hijo, serás un desastre con la ropa, y no digamos ya con el pelo...pero no permitas que nunca nadie te diga que eres un mal periodista.

Los entiendo a todos. A los que lloraron por el cierre de los informativos de Veo TV (algunos de ellos grandes profesionales y compañeros de master, por cierto), las caras tristes del equipo de CNN+, la dignidad de la que hablan los redactores de Público, el adiós atragantado de la plantilla de ADN. La impotencia de los trabajadores de la RTPA. La resignación de los de la tele pública mallorquina.

Decía el cuento de Peter Pan que cada vez que un niño dice "no creo en las hadas", un hada cae muerta. Y que para resucitarlas, hay que decir muy fuerte que se cree en ellas.. y hay que batir las palmas.

Yo digo que cada vez que un medio cierra muere la libertad, se ahoga una opción, fallece el derecho a estar informado del ciudadano. Es más, confirmo que se asesina un estilo de contar la verdad y cae fulminada una forma de estar en el mundo. Y que para resucitarlo, la clave no está, como el cuento de Peter Pan, en batir palmas... sino en algo mucho más serio, y que a mí, como periodista, me reconforta más.

El secreto se llama periodismo, la clave se llama compromiso, lealtad al ciudadano. Y lo están proclamando estos días los compañeros de Público (leáse bien claro la dignidad en letras mayúsuculas resumida en su comunicado).

Ya dije en otro post que hay días que me levanto pensando en borrarme del gremio. Y otros, en los que me quiero comer el mundo, libreta y micro en mano. Quizá sea ese el misterio. Que los periodistas no necesitan que nadie diga que cree en ellos, ni que les toquen las palmas para seguir viviendo.

Me explico. Un medio puede morir y a la vez, un periodista, resucitar. Como todos esos compañeros, obligados a recoger en cajas sus libretas, su agenda y su bolígrafo. Salen por la puerta de la redacción y con su carta de despido sin que se les vaya una idea de la mente: dónde encontrar la próxima historia, cómo contarla, cómo explicar lo que sucede.

Es el principio a fuego que todos los periodistas de verdad tienen grabado: no importan lo bien o mal que estén maquillados, lo fenomenal o desastrosa que siente la chaqueta. Ni tampoco los señores de los medios. Ni si quiera (mire usted qué osada...) importa la publicidad. Y sí lo hace, y mucho... lo que debemos a los ciudadanos.

Quizá sea por eso, y tal vez sólo por eso, que los periodistas somos como el ave fénix. Seguramente exclusivamente por eso... no importan las veces que nos quemen una oportunidad. Quién sabe...a lo mejor ese sea el único motivo de nuestra inexplicable capacidad para resurgir de las cenizas.

He visto a muchos compañeros salir llorando de una redacción y escribir mejor que nunca en su blogs. Y  a otros que arrugan esas cartas de despido y sacan fuerzas para montar su propio periódico. He visto a algunos que se ponen el mundo por montera y envían titulares desde Camboya. Y a otros que invierten todo su dinero para enviar desde Rusia crónicas de Free Lance.  Y no me extraña notar que a todos les une lo mismo. No les falta a ninguno: el ansia de contar, el afán de informar, las ganas de hacer de periodismo.

No es sólo el oficio más bonito del planeta. Es, ante todo, el compromiso más verídico e irrompible del mundo. Como el del músico con su guitarra o el del perro con su amo. Igual de inquebrantable que el del zapatero con sus zapatos. Así es el pacto del periodista con el ciudadano. El del que se levanta todos los días pensando en que su lector tiene que enterarse de lo que ocurre.

Por eso estoy segura de que pasa siempre. Cuando un medio muere, o mejor dicho, cuando lo matan... de repente, y casi sin saber cómo, un periodista resucita. Para orgullo de la profesión y frustración de los que quieren acabar con nosotros.

No al cierre de Público. Solidadaridad con ADN. Fuerza a la RTPA. Y a los que tuvieron que dejar la televisión de Mallorca. Y a ese cada vez más doloroso etcétera de compañeros que han tenido que ver cómo enterraban sus teles, sus periódicos, sus casas.

Sí a la pluralidad de medios. Al derecho a estar informado del ciudadano.

Larga vida al periodismo.

PD.Hoy, día 9 de enero, reedito este post. Ha sido una de las malas noticias de hoy. Ánimo a los compañeros de Extremadura al día, donde el 15 de enero, se hará de noche.

Larga vida... al periodismo!

jueves, 5 de enero de 2012

¿Te acuerdas de cuando...--- DOS


-¿Te acuerdas de cuando...
-¿De cuando empecé a pensar en ti demasiado?
-De cuando querías que te quisiera.
-Coge el teléfono de una vez. Sé perfectamente que es ella.

(Hay días en que te sientes como ese cigarro mal apagado en la escalera secreta del hospital. Y otros en los que te conviertes en el kleanex olvidado que encuentras en el bolsillo de ese vaquero que sólo te pones una vez al mes.. o dos. También hay otros en los que basta un trozo de salchicha para ser como Pancho, el perro de la Primitiva.)

-Si tú quisieras...

(No es que no quiera, es que me tienes delante y aún no sabes mirarme por dentro)

Era cuando Mariela se hacía pequeñita sin querer. Cuando él agarraba el vaso de whisky, se lo bebía de un trago, le daba el último beso y se iba a dormir...con su mujer.






martes, 3 de enero de 2012

El secreto del quiosquero.

Una amiga me contó una vez que supo que su padre se había enamorado el día que se lo encontró jugando. 


A mí, hace no mucho, me pasó algo similar. Pero con mi quiosquero. 


- Pero bueno, cuánto tiempo sin verte… ¿te has hecho ya de la prensa digital, eh?  Luego me dirás que te guarde las tazas de Forges…
- Venga, no te quejes. Si te vas a quedar más tranquilo, dame lo de siempre. Pero que sepas que he venido sólo para verte. Bueno, y también a traerte este café. Está justo como a ti te gusta, ¿eh?
- Beh… ya….
- De nada, hombre, de nada. Y ahora dime, ¿qué es eso que tienes ahí?
- ¿Esto? esto es…nada!... un montón de papeles.
-Claro, claro. Mañana me invitas tú al café. Y si eso, me cuentas cómo se llama.
-Fuera de aquí, ¡lianta!

Era un castillo. A base de revistas y periódicos, mi quiosquero había construído un perfecto castillo. Sobre lo que parecía la puerta, ocho letras recortadas: P R I N C E S A.  Ah, y tenía puesto Kiss FM (el detalle es importante, porque lo sé de buena tinta: de toda la vida, este cascarrabias de 55 con canas a lo George Clooney, es más de Sabina que el propio Panchito Varona)

Yo creo que alguien le tiene frito. Como le pasó al padre de mi amiga.