lunes, 27 de febrero de 2012

Los medios pasan, los profesionales permanecen

Los viernes son mi día oficial de no hacer nada. O casi nada. Para mí no cuentan como tareas leer el TimeLine del Twitter o poner de fondo el 24 horas mientras me preparo el café. La explicación al día oficial de "moneo" (del verbo "monear") es que mi semana laboral empieza los sábados y, por lo tanto, los viernes son domingo.

Aclarado esto, empezaré diciendo que este viernes no fue un viernes cualquiera. Me levanté tarde (mucho), había visita en casa, y tuve una tarde en la que sin currar... tuve algo de curro.  Nada del 24 horas, y poco...sólo un poco de Twitter. Lo justo para atragantarme con un titular vomitivo: "Público cierra el domingo".

Tras deshacerme de compromisos varios, pensé: "No puedo renunciar del todo a esta preciosa tarde". Y me regalé un paseo al centro. Crucé los casi 800 metros del puente romano de Mérida y, viendo de lejos la Alcazaba, empecé a pensar en ellos: al final todo al garete. A Público le callan la boca este domingo. Sólo le dejaron respirar cinco años. 

Y en mi atardecer emeritense, volví a poner caras a esos redactores sin rostro. Fue fácil. Les atribuí a todos ceños fruncidos, puños apretados y pasión en los ojos: actitudes de lucha hasta el final por hacer buen periodismo.

Me paré en el quiosco y pedí el número del día. "Lo compraré hoy y encargaré el de mañana y el del domingo, para no arriesgarme a perderlos", me dije. Y, en ese mismo instante, alguien comentó: "al final, hoy es el último ejemplar. Los trabajadores dicen que ya no salen más"

Rebusqué en mi monedero y pagué con un suspiro. Y me senté en un banco a leerlo. Lo hice como quien se sienta delante de una tumba pensando que no hay epitafio que pueda expresar el vacío que deja el que se ha ido.

Pasó el viernes, y el sábado. Y ayer domingo nació The Sun, de Rupert Murdoch. El mismo que, cuando tuvo que cerrar The News Of The World por el escándalo de las escuchas telefónicas, dijo aquello de "Lo sentimos, equivocamos el camino".

Y también ayer, casualmente, un amigo fiorentino me comentaba que, en Italia, hay periódicos doblando campanas que, de igual modo, suenan, como aquí, a réquiem.

No voy a analizar si esos medios italianos equivocaron o no el camino. Tampoco si lo hicieron los gestores de Público. Pero sí voy a pararme a decir que tengo claro quién no se equivoca.

No son ellos. No confunden el camino los redactores, los que viven para contar historias, los profesionales que hacen periodismo. Los que en vez de matar, dan vida a los medios. Ellos no. Ellos sólo miman las palabras y perfeccionan sus titulares. Sólo hacen su trabajo. (Tampoco los cámaras, maquetadores, fotógrafos, realizadores, técnicos, grafistas y un larguísimo etcétera).

Los periódicos, las teles, las radios,...nacen y mueren. Incluso, a veces, se reproducen. También en Extremadura, el lugar en el que me paso las horas contando noticias e historias. Hace nada se nos fue Extremaduraldia y, aún con la rabia por su despedida, hemos vuelto a poner la sonrisa para dar la bienvenida a una nueva revista, a Informe Semanal Extremadura.

Lo dije y lo mantengo. Cuando un medio muere, un periodista resucita.  Y añado, que cuando otro vuelve a nacer, sea de la línea editorial que sea, y del magnate o anunciantes que sea... el periodista ya está ahí, esperándole para soplarle vida.

Los medios pasan... los profesionales, permanecen.

Y lo más importante, independientemente del medio, como siempre, es tener claro para qué sirve realmente hacer periodismo.











viernes, 24 de febrero de 2012

De cine. O de anuncio.

-¿Qué piensas de mí, después de haberte invitado a cenar en ese bar de polígono industrial?
-Que estás más bueno que Leonardo Di Caprio. Y eso a pesar de la ensalada sin aliño.
-¿Y si resultamos ser sólo náufragos después de este crucero----aladeriva?
-Si con mirarte consigues que me derrita, créeme: no habrá iceberg con agallas para acercarse.
 (Estoy volando.............y no eres Jack. Eres más guapo, más hombre, más todo.)


-¿A dónde la llevo señorita?
-A las estrellas... (Mi Gps indica meter la quinta hasta nuestro paraíso del sur).

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-Como el amor del Titanic. ¿Lo nuestro es de cine?
-O de anuncio. Como en uno de Movistar.
-O de Coca-Cola.

-Esa gente nos mira.
-Envidia.
-No me extraña, si estoy con George Clooney versión española.

-A quinientos metros los desconocidos más próximos.
-No tengo bikini.
-Qué más da.

(Y soplaba la brisa. Olía a pescado y a mar. Volaba una sábana. Sal en los labios. Vino en las venas. Chupar caracoles. Camarón. Las olas. Deshacerse. Licuarse. Y que vuelva a reproducirse por enésima vez el CD de Alejandro Fernández.)





martes, 21 de febrero de 2012

Ni el fútbol, ni el heavy, ni la carne de caza.

Son cosas que los míos saben. Que no me gusta el fútbol, ni el heavy, ni los perros. Tampoco los tatuajes. Ni la carne de caza.

Río y me retiro con una servilleta de papel la espuma de la caña con limón de los labios. Cuento las anécdotas de hoy. Y me enfado con los titulares negros del día.

Negaré haberlo dicho, pero sé que espías cada detalle. Y negaré también que desde que me levanto descuento los segundos para sentarme en un taburete y apoyarme en la barra de ese antro. Para hacerme masculina si hace falta y mezclarme en tu mismo corro.

Siempre digo la verdad pero si me preguntan, esta vez mentiré.  Negaré que hoy, tras salir del bar, he escrito en esa servilleta aún mojada de cerveza que sentir que clavas tu mirada en cada uno de mis gestos y notar que sonríes mientras me muevo...han sido los mejores momentos del día.

No me gusta el fútbol, ni el heavy, ni los perros. Ni los tatuajes. Ni la carne de caza. Creo que me gustas tú. Pero eso ya te lo explicaré algún día, si es que me pides explicaciones.

((Cuando le conoció se hizo toda una experta en adiestrar al rabillo de su ojo para verle sin mirarle. Era un chico descarado y guapo, de mirada transparente. De las que atraviesan y se quedan. De las que Mariela sabía que no podría enfrentar y seguir luego como si nada.))





miércoles, 15 de febrero de 2012

Bucles y espirales.

A veces creo que te inventas a ese amigo al que dices que cuentas que estoy loca por ti. No te conozco bien, ni sé tu verdadero nombre ni cuál es realmente tu vida. Sé que sólo sé cosas a medias. Y cuando me veo a mí misma descubriendo, de repente, otros cabos que no puedo atar, siempre digo lo mismo: A ver, guapa...dónde, dónde coño aprendiste tú a soportar con la cabeza tan alta esta sarta de mentiras.




Sé que sabes que esta contractura que me maltrata el cráneo y la espalda está más retorcida desde que llegaste tú. Y sí, también sé que sabes..........que sé que me engañas.

-Morena, mírame a la cara y dime, ¿qué te doy yo, aparte de disgustos?
-Quizá si cerramos los ojos, y damos media vuelta, esto se acabe para siempre. ((O tal vez siga todo igual))
-No me dejes nunca.
-¿Dónde dices que tienes apuntado el número del fisio?

Tu bucle y mi espiral.
Las malditas dudas que cargan mi espalda y tu pecho son  "por qué" y HASTA CUÁNDO.

Sabes que lo sé, y puede que también sepas que ni siquiera me importa.

((Era cuando Mariela contaba los días para que la tierra se abriera y ae la tragara. A ella. No a él))









viernes, 10 de febrero de 2012

Llamadas perdidas.


-¿Te ha quedado claro? A ver, repítelo.
-Que si un día no me haces feliz, te mande a la mierda. Eso ya lo tengo apuntado.
-¿Y qué más?
-Que no borre tu número de teléfono.. por si se me ocurre volver algún día.
-Muy bien. ¿Te hago un esquema?



((Me pasó una tarde, el mes pasado. Me comieron el bullicio, los cláxones y el ruido de las cajas de fruta que alguien lanzaba contra los contenedores. Madrid me asaltaba y se vengaba, sin importarle quién era, ni de dónde venía, ni todo lo que me había prometido sobre aquello de ser la ciudad de mis sueños. Volví la cabeza y entonces pude verme a mí...entre la gente: SOLA. A punto de llorar. Haciéndome pequeñita. "Llamo a la policía", pensé. Y marqué. Sólo después del primer tono me di cuenta de que aquello no era el 091 sino ese otro número. El tuyo. Marcado en la pantalla de mi nuevo Samsung Galaxy. Imaginé tu cara, sorprendido, dudando, tu corazón desbocado, como el mío. Pero cómo diablos he podido equivocarme. Colgué.

Luego la locura, el nudo en la garganta, la boca sin saliva, el no poder respirar.


Y a los diez segundos, tu llamada......................... perdida.

Y otra vez, volver a olvidarnos)).





miércoles, 8 de febrero de 2012

El mantra.

-Repítemelo como un mantra.
-Guapo, guapo, guapo, guapo, guapo. Guapo. Guapo. Guapísimo.
-¿Y dices que por esos ojos que me atraviesan tú ves bien?

((Se enteró de que lo contabas por ahí. Que te gustaba descolgar el teléfono y escuchar cómo ella se moría por ti.))