No le dio tiempo a quitarse las alas. Tampoco creo, que aún queriendo desprenderse de ellas, pudiera haberlas disimulado. Vino corriendo hacia mí, se me abalanzó, y me tumbó en el sofá.
Era la primera vez que nos veíamos y yo estaba nerviosa. Buscó mi cara y me desmontó con su mirada. Luego me contagió sus carcajadas. Y me enseñó a pedir música y juguetes en un idioma que sólo hablan en su cielo.
Hace no mucho que le enseñaron a andar. Y no sospecha que el día que lo conocí, yo aprendí un poco a volar. Es un ángel.. y su sonrisa se parece mucho a la de estos otros angelitos.
Amaneció y no dolía. Y, mientras desenvolvía su cuerpo de entre las sábanas, tampoco estaban ya las ganas de llorar.
Se arrastró hasta el lavabo. Y lanzó por el retrete su Iphone, y con él aquel vomitivo whatsapp. "Te quiero": lo había recibido entre náuseas, la noche antes... como siempre, después del último puñetazo.
Cogió su madeja de sueños rotos, y de entre todos, desenredó aquel que siempre prometió cumplir: sí, esa vieja idea suya de escapar.
"Ya no dueles", pensó. "Ni vas a doler nunca más", juró.
-Nena, la vida sin ti es una mierda. Llegar después de ir a correr y no verte en el sofá, con el ordenador, escribiendo esas historias...las de tus amigos, las tus padres, las que te inventas, y las que más me gustan: las que van sobre mí. Llegar y que no me preguntes ¿cariño, cuánto tiempo has hecho hoy?
Se me cae esta absurda casa, y el armario sin tu ropa es como un contenedor de basura que encima huele bien, porque tu perfume sigue aquí. Huele y mucho, pero ni me mira, ni me abraza, ni me roza, ni me toca, ni me habla. También huele a ti todavía ese pijama, el que anoche te arranqué cuando me dijiste que tenías frío.
No estás para ayudarme a elegir chándal, ni para sonreírme asomándote al espejo mientras me afeito. Ni para pedirme que te bese, que te prepare tu vaso de zumo.
No estás para bailar por los pasillos con la música que pongo cuando me ducho.
Ni para aparecer detrás de la puerta y asustarme… y después caerte al suelo muerta de la risa.
No estás, vida mía, para escucharme, con la boca abierta, contarte el día de hoy, ni para soñarme durante la siesta. No estás para decirme... que soy el mejor.
No estás para que me pueda derretir por ti mientras te veo escribir, leer, vestirte. Y luego peinarte, maquillarte los ojos..colorearte las mejillas.
No estás para llenar estas habitaciones con el eco de tus tacones, de tu risa, tu respiración.
Nena, la vida sin ti es una mierda. Llegar de correr y no verte en el sofá.
Lo sé, tu ropa está en la lavadora y me has dejado un post-it en la nevera: "estoy con Ana en el cine". Pero sólo quería que supieras lo que te echo de menos. Y que sin tu ruido siento me quedo sordo.
-Mira que eres exagerado! Tengo que colgar. La peli está a punto de empezar. Y prepárate para que te coma a besos...cuando llegue a casa…
Arranco mi coche y enfilo la carretera. Cojo el volante con fuerza y me sale así, de corrido, todo lo que nunca te digo. Me pasa sólo aquí, dentro de mi coche. Parrafadas enteras que lo explican todo, sin comas, sin puntos suspensivos, sin cursivas ni subrayados. Sin acentos.
Escupo todo de una vez, y la verdad, ojalá pudiera escupírtelo en la cara. Llevo muchas noches gritándolo en silencio, demasiadas como para que no te enteres de nada.
Ni sabes, ni sospechas que la última vez que nos vimos me temblaron las piernas. Ni te he dicho que estuve varios días oliendo a ti. Ni que pienso cien veces a la hora en tu forma de hablar y de reir. Y de mirar, y de respirar, y de tocar, de sudar.
Ni te he contado que aún te espero. Y no me imaginas, seguro, derrotada al final del día, cuando he perdido otra vez la batalla por retar a mi móvil a decirme que me echas de menos. Ese estúpido chisme no hace otra cosa que vomitar tu silencio.
No sabes nada.
Que me encanta imaginarte de aquí para allá, en vertical y horizontal, en blanco y en negro, con y sin perspectiva, riendo y llorando. Abrazándome, odiándome. Besándome .
Ni siquiera te he dicho que tenía planes de quererte.
Y ahora que he terminado y, otra vez, no has escuchado, aparco, echo el freno de mano, y vuelvo a hacerlo. Trago tanta saliva que casi me estoy ahogando. Y de nuevo las ganas de escupir. Ojalá pudiera escupirte... todo esto que siento en la cara.
Entonces yo pronunciaba el nombre de aquella ciudad y te volvías loca. Imaginabas tantas cosas. La playa, el vino, la casa blanca que alguien te contó que había construido para ti. Eras más joven y lo siento, pero creo que también más guapa, y yo te hacía fotos que prometí mirar..sólo yo.
En aquel momento yo releía y devoraba "Crónicas de una muerte anunciada", y te diste cuenta, lo sé, de que te dejaba muy cerca aquel libro para que te metieras bien en la cabeza su título: “Crónicas- de una muerte -anunciada”.
Lo sabías, lo sabía, lo sabíamos. Lo nuestro tenía fecha de caducidad, un epitafio ya escrito, cruel, irrefutable, inevitable.
Tu querías salir corriendo todos los días y yo perseguirte. Tú, tropezarte para dejar que te cogiera... y yo...yo que alguien volviera a encadenarme al pasado para no poder seguirte y olvidar que te había conocido.
Lo respirábamos, lo olíamos, lo sentíamos, lo sabíamos. Pero quién de los dos se atrevía a perderse aquella historia. Cuando entonces yo pronunciaba el nombre de aquella ciudad y te volvías loca. E imaginabas la playa, el vino, la casa blanca que...
-¿Te acuerdas de cuando....
-¿De cuado jugábamos con fuego y casi lo quemamos todo?
-Sí, y déjame decirte que aún no entiendo por qué me quitaste el mechero. Eres.. tan rara!
(Si supieras que hasta me encargué de esconder todas las piedras para que no pudieras chocarlas y prender la mínima llama. Si supieras... que aún tengo ese mechero, en el cajón de mi mesita de noche, y que cuando no puedo dejar de pensar en ti sigo encendiéndolo, y lo miro, deseando con todas mis fuerzas que se le acabe el gas de una vez por todas...y que se acaben también tu imagen, tu voz, tus manos y tus risas... en mi mente.)
Servilletas, etiquetas, sobres, tickets de la compra, kleanex. A veces hasta en la palma de la mano. Escribo donde puedo. Desahogos de una escritora que siempre lleva boli... y casi nunca papel. Después los encuentro en mi bolso, arrugados, pero aún con letras, palabras, historias que invento, que me cuentan, que existen...o que simplemente imagino. Desde hoy, me propongo pasarlas siempre a limpio y evitar que la tinta se corra...dejándolas vivir en este blog. De servilletas y etiquetas tendrá noticias, opiniones, reflexiones. Pero sobre todo palabras. E historias. Porque cada detalle, cada sonrisa, cada lágrima y silencio me cuentan historias a diario. Porque no sería yo.. sin mi obsesión con las palabras. Porque no sería yo, sin ser una loca por contar historias. Por todo eso: de servilletas y etiquetas. Por todo eso, si quieren, pasen y lean.