domingo, 16 de diciembre de 2012

Abogada del diablo. I


-Quiero repetirlo.
-¿El qué?
-Caminar diez centímetros por encima del suelo.
-He tirado los tacones.

Última conexión. Hace 30 segundos.

- (Oxígeno.) Estoy tres esferas más allá.
-¿El desierto?
- El polo..
- Te recojo a las cinco. Las voy a traspasar todas y me da igual lo que pienses.

-Esto se acabó.
-Ni de coña.


Samsung Galaxi estampado. Kleanex.

Pasa cuando defiendes al diablo y el diablo va contra ti. Pérdidas de dignidad constante. Y consciente.

lunes, 3 de diciembre de 2012

It doesn't work

Perdió las llaves. Las colillas. El humo del cigarro. La tos con sabor a nicotina. Perdió hasta las ganas de fumarse los problemas.

Usuario y contraseña no concuerdan.

No funciona internet cada vez que busca tu nick y tu nombre falso.

-Tan cerca y tan lejos. Como si los planetas se alinearan para que los caminos nunca más se crucen.

It doesn't work. 
It's over.

-Tú para atrás, como los cangrejos. Esto te pasa por robarle internet al vecino y no tener agallas para renegociar con los de Vodafone.

((Apagada o fuera de cobertura.))










viernes, 23 de noviembre de 2012

Las siete diferencias

Aquí, detrás de la cortina, debajo del sofá. En el tic-tac del despertador. Deslizándose por los nudillos hasta las yemas de los dedos. Y de ahí al teclado. Y luego en el duermevela. Y en las palabras de ella. Y en las de él. Y en las de aquella también.

-No quiero saber qué tipo de vida de mierda llevabas.
-Vale.
-Ni qué guardan tus silencios.
-De acuerdo

Como si comparas a Antonio Tabucchi con Federico Moccia. O el salado con el dulce. O el 24 horas con Telecinco. O el semidulce con el calimocho.

-Por qué te empeñas en buscar las siete diferencias.
-Es que aún no tengo claro que me hayas encontrado a mí.


La cojo. La enfrento. 
-Creo que no necesito abuela.

La carrera ha empezado y yo llevo sin fondo mucho tiempo. 
-Yo estaba antes.
-Yo no he venido a competir con nadie.

Hay días en que no necesito ases en la manga. Y otros en los que llevo el miedo metido en las botas.

-Yo también cuento hasta cinco antes de que el terror me empape. Aunque tú no lo sepas.






miércoles, 10 de octubre de 2012

Empezaba por C

Sólo oía el eco de los megáfonos de la estación. Y, más cerca, sus propios pasos, clavándose en el andén. Dentro del bolso, el zumbido del teléfono móvil.

-Empezaba por C, creo, aquel pueblo donde alquilaste esa habitación sin casi ventanas. No me gustan los sitios sin luz.
-¿Por qué quieres recordar?
-En el baño se escuchaba el eco, y no había nadie por las calles.
-¿Dónde quieres llegar?
-El agua de la bañera casi no hacía espuma. Sólo recuerdo vapor, calor y...
-¿Y no estuvo mal?
-Y soledad.


Sólo oía el eco de los megáfonos de la estación. Y más cerca, sus propios pasos, clavándose en el andén. Dentro del bolso, el zumbido del teléfono móvil. Y en su cabeza otra vez: cuándo, cuándo, cuándo. Dónde, dónde, dónde. Pero dónde está la puñetera salida.


lunes, 30 de julio de 2012

Mátame

-Hazlo otra vez
-¿El qué?
-Mirarme como si quisieras matarme
-Si fueras una cobra sería capaz de acuchillarte a dentelladas y morirme contigo bebiéndome tu veneno.


-¿Desde cuándo te morías por tocarme?
-¿Desde cuándo te robo el aire?
-¿Desde cuándo te deshaces si te respiro?
-¿Desde cuándo te derrites?


-Ya, ya,yaaaaaaaaaaaaaaaa. ¿Por qué lo haces, dime, a ver, por qué lo haces?
-¿de qué estás hablando?
-Mirarme así. ¿no ves que no puedo respirar?
-Estás como las maracas.
-Ve llamando a la ambulancia, anda.

http://www.youtube.com/watch?v=Q5cSRGq3shs


((Hubo un día en el que lo imaginé todo sin atreverme a conocer los detalles. Otro, en que preferí pisar el acelerador y pasar de largo, intentar saltar por encima, ensayar para que no se notara que alguna vez pensaba en ti.

.......................

Lo peor es cuando sabes el momento exacto en que te vas a quedar sin aire y aún así lo deseas. Y apuestas todo a tu propia muerte. Y entonces, llega lo de respirarte, vivirte, morirme, deshacerme. Anda, quítame el aire. Anda, mátame.))





miércoles, 11 de abril de 2012

El escapista.

Debí sospecharlo aquella noche en la que me oí hablando en alto, como si te estuviera contando mi día, a pesar de que sabía que, como siempre, no había nadie más que yo en casa. Debí sospecharlo cuando empecé a preparar café para dos, para ti y para mí, aún sabiendo que acabaría tomándolo sola.

Debí sospecharlo. Y aún no entiendo por qué no lo hice.

Ni siquiera sé cómo es tu coche y hoy he creído verte en todos los que me he cruzado de camino al quiosco. Y al trabajo. Y a casa. Y a las clases de inglés. Y otra vez a casa.

Te he buscado en mi retrovisor. En los intermitentes, en las rotondas. Hasta en el asiento de copiloto de los taxis.

-Mañana te llamo
((Lo cojo, lo miro. Casi le suplico. Pero a mí el silencio de este móvil no me dice nada de que me extrañas.))

-Quiero estar en tu vida todo el tiempo.
((He buscado por los rincones de mi saliva, en las cajas apiladas dentro de mi corazón. En todos los pasillos de mis venas. Y no te encuentro.))

-Vente conmigo si quieres saber lo que es magia.
((No me digas que me he enamorado de un escapista.))



martes, 10 de abril de 2012

No saldrá bien. O sí.

-Ro-to. Tú sólo has sido la última gota que colma el vaso. El último empujón a la escoba que recoge el último de los añicos, ¿vale?
-Pero tú.. yo...tú ¿No te das cuenta de que es imposible que salga bien?
.............................................
..............
.....
...

-Y encima te vas. ¡En serio te vas! ...............................¿En serio?
-Mi vida, es viernes de Dolores.
-??????????????????????????????????????????????????????¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿???????????
-¿pero qué he dicho? ¿qué pasa ahora?
-¡Que no tienes nada que ver conmigooooooo!!! ¿es que no lo ves?
- Corre, dame un beso, que me voy.

((Se fue y la dejó allí, queriéndose desenamorar de él en aquel mismo instante. Y sin embargo, amándole más todavía. Aquello no iba a salir bien. O sí. Quién demonios lo sabía.))





jueves, 29 de marzo de 2012

Las cosas perfectas.

Una vez al mes (al menos), tengo ganas de llorar. Y otra, de borrarme del mundo. Lo que pasa es que no puedo contártelo. Es como si una especie de afonía me atormentara cada vez que tengo que pedir ayuda. Menos mal que, a veces, también ocurren los milagros. Como cuando se enciende la luz roja de la pantalla de mi móvil y....



Y de repente, vuelve la sonrisa. Y enseguida, las ganas de vivir. Y de pronto, tú otra vez: abriendo puertas a patadas.

-¿Sí?
-Pues claro, tonta. Llevo todo el día muriéndome por ti. Baja, que te estoy esperando en el coche.

((Tienes el poder de convertirme en boomerang, de hacerme volver con más fuerza. Incluso cuando ya casi me cuesta creer en mí. De desenterrarme. De hacerme grande.))

-¿Te he dicho alguna vez que eres perfecta?
- Tú lo que estás es perfectamente ciego. Arranca de una vez.
-A sus órdenes, princesa.

((Algún día te robaré la varita con la que consigues que todo sea como un sueño. Como me llamo Mariela)).







martes, 20 de marzo de 2012

La Constitución de 1812, Extremadura y el periodismo. (Y lo que no puedo evitar)


Hay días en que todo se confabula para no acordarte del cumpleaños de tu amiga. Y otros, en los que cualquier escaparate, anuncio de televisión, mirada o canción te recuerda a la persona de la que te has enamorado. También están esos días en los que te olvidas incluso de ti. Y esos otros en los que en tu mente está tan llena de pájaros que sólo caben en ella ideas propias de un videoclip de Lady Gaga. Días en los que no eres tú la que piensas, sino que todo se pone de acuerdo para que tu atención selectiva te torture o te emocione, según como se mire.

Desde hace meses no hay mucho más que ocupe mi cabeza aparte del trabajo. No es la primera vez que me pasa. Y no sé si es suerte o desgracia, pero lo que sí que puedo asegurar es que, al menos, es apasionante. Y como mi mente está casi sólo y exclusivamente en mi vida laboral, al final los planetas se se alinean sí o sí, para que sucedan cosas extraordinarias en mis ocho horas diarias de redacción, llamadas y rodajes.

Como lo que me sucedió hace un par de semanas. Sin preverlo, ni esperarlo tuve delante de mí un nuevo reto laboral. Y sin producirlo, ni quererlo, ni tan siquiera soñarlo, llegó la sorpresa. Y, en medio de una mañana de vértigo y toda una espiral de desafíos, allí estaba: lo inaudito, el broche final. Y me encontré tocando con los dedos este trocito de historia.



Impreso en el siglo XIX. Es la biografía de Diego Muñoz Torrero. Extremeño, de Cabeza del Buey, constituyente de La Pepa. Un protagonista indiscutible en Las Cortes de Cádiz, la conocida como cuna de las libertades. Hay quien asegura que sus ecos, los de Muñoz Torrero, todavía resuenan por las calles de San Fernando.

Perseguido por Fernando VII y torturado por la Inquisición. Olvidado hasta la muerte en una cárcel portuguesa. Cuentan que, cuando acabó de hablar en San Fernando, todo el mundo supo que el Siglo XVIII había terminado.

Dice el cronista de Cabeza del Buey, Vicente Serrano, que era un hombre intachable. Y que su principal logro fue asentar en España la democracia. Vicente Serrano lo denominó el tercer gran paso de la humanidad, y me puso los pelos de punta. Nos contó también que Muñoz Torrero fue el primero en pronunicar juntas en nuestro país las palabras soberanía y nacional. Y el responsable de que ese principio democrático quedase reflejado en el diseño de esta bandera. La única en el mundo con la palabra democracia, bordada a mano por las monjas del convento del pueblo pacense.



Las palabras de Serrano, la diligencia de la concejala de Cultura y la dulce voz de la bibliotecaria mientras pasaba las páginas de esta reliquia me hizo recrearme en su historia.

Entre los once extremeños constituyentes de la Carta Magna de 1812, Muñoz Torrero destacó por méritos propios. Fue el padre democracia, sentando las bases de la que hoy conocemos. Pero no sólo, sino que fue mucho más. Nada más y nada menos que el padre del periodismo español.

En aquellas Cortes, cuando tomó la palabra, salieron también de su boca  los términos libertad de prensa, de imprenta, de ideas, de escribir. Las defendió incluso hasta la muerte. Y se convirtió en el primero que se empeñó en poner negro sobre blanco la necesidad de que el periodismo fuera el contrapoder, el cuarto poder... o simplemente, el primero que entendió que sin periodistas no hay libertad ni tampoco democracia.



Y entonces ocurrió. Decidí que todos los astros se habían puesto de acuerdo para que yo me encontrara aquel día con aquella historia. Tocó cerrar el libro, recoger los cables, dejar de grabar y poner un titular al día: un gran día.

Un día en el que todo se había confabulado para olvidarme del cumpleaños de una buena amiga. Y también de quien a veces me parece que me estoy enamorando. Y luego, cómo no, también me olvidé de mí. Un día de locos que acabó convirtiéndose en uno de esos que al final califico de perfecto desde el duermevela en mi cama, cuando estamos solas yo y la luz de la pantalla de mi blackberry.

Democracia, libertad, periodismo  y Extremadura. Qué más podía pedir.

Diréis lo que queráis, pero cada vez estoy más segura de que no soy yo, sino que todo está dispuesto para que cada día me enamore más de mi trabajo. Es lo que no puedo evitar. Enamorarme de mi trabajo y de los principios por los que me rijo en mi día a día laboral: que sin periodismo no hay democracia. Ni libertad, ni tampoco dignidad.


jueves, 15 de marzo de 2012

20 años no son nada.

Siempre dejabas la pelota en mi tejado. Me permitiste llegar, amarte, y luego marcharme. Y echarte de menos. Y regresar para volver a quererte. 

-Aunque pasen 20 años.
-¿Tanto? 
-Llámame.

1 mes después.
-Y en este tiempo, ¿has conocido a alguien?
-A nadie.

Un año después. El último día.
-¿Y si mi avión se estrella? Lo lamentarás si esta es la última vez que hablamos.
-Bicho malo nunca muere.

Siglos más tarde. 

Borré tu móvil pero podría marcarlo de memoria... y contartélo: que no hay día, ni uno solo, en que no te piense un ratito. 


-Aunque pasen 20 años. Vuelve si quieres volver. Te lo repito para que te quede claro.


Ni nos vemos, ni nos oímos, ni nos tocamos. Pero creo que sabes que tengo a quien me cuenta que, a veces, esperas mi llamada. Y lo peor de todo es que hasta yo me imagino llamándote. 


Y sí, incluso hay días en los que también me siento a esperar a que me llames.

Pero no lo hagas. Yo prometo tampoco hacerlo. Aún no. Todavía no han pasado 20 años.