martes, 31 de enero de 2012

Si no eres real.

Por fin llego. Por las escaleras me descuelgo el bolso, me aflojo la coleta, y me despinto la sonrisa que lleva desfigurándome la cara toda la mañana.

-Acércate, bombón, que voy a derretirte.
-No quiero.
-¿Qué te pasa?
-Que todavía me acuerdo de cuando dijiste que Natalie Portman estaba buena...y aún no he acabado de morir de celos.
-Digo en el trabajo, que qué te ha pasado.

((Como cuando un piloto de Fórmula 1 ha perdido una pieza o está sin combustible. Entro en boxes con sólo mirarte. Luego tu hombro. Tu respiración cerca de mi cuello. Tu abrazarme por la espalda))

-Chssssssss....nena. La Portman esa...
-¿Qué?
- Lo de la suela y los zapatos.

((Si no eres real, aún no me pellizques)).


miércoles, 25 de enero de 2012

Miedo.

Disculpa, pero voy a recostarme un rato sobre mi caparazón. Las patitas hacia arriba, así, moviéndose, cansándose, desesperándose. Extasiadas. Asfixiadas. Sin saber, si después de tanto esfuerzo, podrán o no evitar que me aplastes.

Como Gregor Samsa en La Metamorfosis. Kafkianamente quiero sentirme solo yo y defenderme de ti. 

-Pero nena, ¿por qué siempre estás de uñas?
-¿Quién? ¿Yo?


((Miedo. De eso que noto cuando te acercas. Cuando me absorbes. Cuando me succionas. Como los polos de una pila: me cargas aunque me quiera descargar. Me da horror sentir que inevitablemente me mezclo contigo.  Y tengo pánico al día en que no sepa quién está dentro de quién. Qué coño has hecho para que no me reconozca sin haberte olido antes.))

-Eres lo más bonito que ha parido la madre tierra. Ven que te vea.
-Casi nadie me ha visto desnuda. Pero tú que puedes... por favor, no me mires por dentro. (TODAVÍA)















lunes, 23 de enero de 2012

No te acerques.

No te acerques. Escucha, si quieres, sólo mi respiración. No puedo quitarme esta escafandra mientras camino por el espacio exterior. Lo he creado sólo para mí  y he establecido sus propias reglas. Aquí nada duele ni da ganas de llorar. Estoy a salvo de todo, incluso de ti.

-A veces no sé si me he enamorado de una persona o de una réplica de la dama de Elche.
-Algún día entenderás por qué soy de ese tipo de mujeres que nunca llevan kleanex en el bolso.




Respiro FUERTE. Cuando no estés volveré a ser de papel, de juguete, torpe, de hielo derretido. A arrugarme, a romperme, a resbalarme, a secarme. Sin que me veas. Sin que se note. Sin que lo sepas.

No...
...........te acerques.

jueves, 19 de enero de 2012

Haberlo pensado antes.

Por aquel entonces iba a clase diaria para aprender hablar con metáforas. Y después, con el equilibrista, perfeccionaba el baile sobre la cuerda floja... una vez a la semana. El maestro de esgrima le enseñó a sentirse cómoda entre la espada y la pared.


Era cuando Mariela podía respirar sin aire y llorar con sonrisas. Era, también, cuando era especialista en gritar con silencios.

-Esto nos va a llevar por delante, nena.
-(...) Haberlo pensado antes.







miércoles, 18 de enero de 2012

Lo que no cuento de ti.

-Como cuando me dijiste que era la única persona que podía convertir en infierno el mismo paraíso. Casi vomito la tortilla de camarones.

-¿Y también les has contado lo de aquella playa virgen? ¿Cuando me pediste que te hiciera el amor mientras las olas nos lamían los talones de los pies?

-Eso no cuenta. El mérito, que lo sepas, no fue de nadie más que del semidulce.

((Pongo en la balanza toda tu mierda y mi mierda juntas y siempre pesa más tu aliento. Tu respiración y tu boca acercándose a mi oído))

-¿Y qué más les has contado a esa panda de marujas?
-Que ya no me ponen tus canas.

((Lo que no cuento de ti, pensó para sí Mariela, es lo que ni yo misma me atrevo a creerme)).





miércoles, 11 de enero de 2012

Ya casi no me acuerdo.

-Ya casi no me acuerdo.
-¿De cuando te miraba y no podías ni respirar?

(Ni de cuando me gustaba arrastrar el pie por debajo de las sábanas y chocarme con tu tobillo.)

Lo dijo mirándose al espejo, fría, mientras las lágrimas de él caían sobre el cristal del cuadro con la foto de Mariela. Era su preferida. Era de cuando ella sonreía de verdad. Era de cuando él aún no se había olvidado de cómo hacerle vibrar.



Sumideros.

Y mientras estrangulaba las ganas de llorar, cerró los párpados y deseó muy fuerte poder derretirse. Y escurrirse por el sumidero, igual que lo estaba haciendo el agua que sobraba de la ducha. Y luego recorrer las alcantarillas de la ciudad...y dejar en cualquier pantano aquel mal rollito.

Era domingo en su alma,

y algunos domingos, a Mariela, le daba el bajón.



domingo, 8 de enero de 2012

Cuando un medio muere... (y un periodista resucita)

La adrenalina de una última hora. El sudor antes de un directo. Las carreras por la redacción. La vida redactada en un reportaje o convertida en noticia. Pintar primera. La fuerza de un sumario. La ráfaga mientras contienes la respiración. El avance que tiene que estar YA y que sale en forma de teletipo urgente. La GENTE.... asomada a través del cristal del estudio de radio, pegada a la pantalla, dejando el croissant que acompaña al café para leer tu columna. Todo eso que puedes sentir cuando tienes una historia entre las manos.

-Mamá no me digas que tenía mal el cuello de la chaqueta, dime si te has enterado de algo de lo que he contado.
-Hijo, serás un desastre con la ropa, y no digamos ya con el pelo...pero no permitas que nunca nadie te diga que eres un mal periodista.

Los entiendo a todos. A los que lloraron por el cierre de los informativos de Veo TV (algunos de ellos grandes profesionales y compañeros de master, por cierto), las caras tristes del equipo de CNN+, la dignidad de la que hablan los redactores de Público, el adiós atragantado de la plantilla de ADN. La impotencia de los trabajadores de la RTPA. La resignación de los de la tele pública mallorquina.

Decía el cuento de Peter Pan que cada vez que un niño dice "no creo en las hadas", un hada cae muerta. Y que para resucitarlas, hay que decir muy fuerte que se cree en ellas.. y hay que batir las palmas.

Yo digo que cada vez que un medio cierra muere la libertad, se ahoga una opción, fallece el derecho a estar informado del ciudadano. Es más, confirmo que se asesina un estilo de contar la verdad y cae fulminada una forma de estar en el mundo. Y que para resucitarlo, la clave no está, como el cuento de Peter Pan, en batir palmas... sino en algo mucho más serio, y que a mí, como periodista, me reconforta más.

El secreto se llama periodismo, la clave se llama compromiso, lealtad al ciudadano. Y lo están proclamando estos días los compañeros de Público (leáse bien claro la dignidad en letras mayúsuculas resumida en su comunicado).

Ya dije en otro post que hay días que me levanto pensando en borrarme del gremio. Y otros, en los que me quiero comer el mundo, libreta y micro en mano. Quizá sea ese el misterio. Que los periodistas no necesitan que nadie diga que cree en ellos, ni que les toquen las palmas para seguir viviendo.

Me explico. Un medio puede morir y a la vez, un periodista, resucitar. Como todos esos compañeros, obligados a recoger en cajas sus libretas, su agenda y su bolígrafo. Salen por la puerta de la redacción y con su carta de despido sin que se les vaya una idea de la mente: dónde encontrar la próxima historia, cómo contarla, cómo explicar lo que sucede.

Es el principio a fuego que todos los periodistas de verdad tienen grabado: no importan lo bien o mal que estén maquillados, lo fenomenal o desastrosa que siente la chaqueta. Ni tampoco los señores de los medios. Ni si quiera (mire usted qué osada...) importa la publicidad. Y sí lo hace, y mucho... lo que debemos a los ciudadanos.

Quizá sea por eso, y tal vez sólo por eso, que los periodistas somos como el ave fénix. Seguramente exclusivamente por eso... no importan las veces que nos quemen una oportunidad. Quién sabe...a lo mejor ese sea el único motivo de nuestra inexplicable capacidad para resurgir de las cenizas.

He visto a muchos compañeros salir llorando de una redacción y escribir mejor que nunca en su blogs. Y  a otros que arrugan esas cartas de despido y sacan fuerzas para montar su propio periódico. He visto a algunos que se ponen el mundo por montera y envían titulares desde Camboya. Y a otros que invierten todo su dinero para enviar desde Rusia crónicas de Free Lance.  Y no me extraña notar que a todos les une lo mismo. No les falta a ninguno: el ansia de contar, el afán de informar, las ganas de hacer de periodismo.

No es sólo el oficio más bonito del planeta. Es, ante todo, el compromiso más verídico e irrompible del mundo. Como el del músico con su guitarra o el del perro con su amo. Igual de inquebrantable que el del zapatero con sus zapatos. Así es el pacto del periodista con el ciudadano. El del que se levanta todos los días pensando en que su lector tiene que enterarse de lo que ocurre.

Por eso estoy segura de que pasa siempre. Cuando un medio muere, o mejor dicho, cuando lo matan... de repente, y casi sin saber cómo, un periodista resucita. Para orgullo de la profesión y frustración de los que quieren acabar con nosotros.

No al cierre de Público. Solidadaridad con ADN. Fuerza a la RTPA. Y a los que tuvieron que dejar la televisión de Mallorca. Y a ese cada vez más doloroso etcétera de compañeros que han tenido que ver cómo enterraban sus teles, sus periódicos, sus casas.

Sí a la pluralidad de medios. Al derecho a estar informado del ciudadano.

Larga vida al periodismo.

PD.Hoy, día 9 de enero, reedito este post. Ha sido una de las malas noticias de hoy. Ánimo a los compañeros de Extremadura al día, donde el 15 de enero, se hará de noche.

Larga vida... al periodismo!

jueves, 5 de enero de 2012

¿Te acuerdas de cuando...--- DOS


-¿Te acuerdas de cuando...
-¿De cuando empecé a pensar en ti demasiado?
-De cuando querías que te quisiera.
-Coge el teléfono de una vez. Sé perfectamente que es ella.

(Hay días en que te sientes como ese cigarro mal apagado en la escalera secreta del hospital. Y otros en los que te conviertes en el kleanex olvidado que encuentras en el bolsillo de ese vaquero que sólo te pones una vez al mes.. o dos. También hay otros en los que basta un trozo de salchicha para ser como Pancho, el perro de la Primitiva.)

-Si tú quisieras...

(No es que no quiera, es que me tienes delante y aún no sabes mirarme por dentro)

Era cuando Mariela se hacía pequeñita sin querer. Cuando él agarraba el vaso de whisky, se lo bebía de un trago, le daba el último beso y se iba a dormir...con su mujer.






martes, 3 de enero de 2012

El secreto del quiosquero.

Una amiga me contó una vez que supo que su padre se había enamorado el día que se lo encontró jugando. 


A mí, hace no mucho, me pasó algo similar. Pero con mi quiosquero. 


- Pero bueno, cuánto tiempo sin verte… ¿te has hecho ya de la prensa digital, eh?  Luego me dirás que te guarde las tazas de Forges…
- Venga, no te quejes. Si te vas a quedar más tranquilo, dame lo de siempre. Pero que sepas que he venido sólo para verte. Bueno, y también a traerte este café. Está justo como a ti te gusta, ¿eh?
- Beh… ya….
- De nada, hombre, de nada. Y ahora dime, ¿qué es eso que tienes ahí?
- ¿Esto? esto es…nada!... un montón de papeles.
-Claro, claro. Mañana me invitas tú al café. Y si eso, me cuentas cómo se llama.
-Fuera de aquí, ¡lianta!

Era un castillo. A base de revistas y periódicos, mi quiosquero había construído un perfecto castillo. Sobre lo que parecía la puerta, ocho letras recortadas: P R I N C E S A.  Ah, y tenía puesto Kiss FM (el detalle es importante, porque lo sé de buena tinta: de toda la vida, este cascarrabias de 55 con canas a lo George Clooney, es más de Sabina que el propio Panchito Varona)

Yo creo que alguien le tiene frito. Como le pasó al padre de mi amiga.