No le dio tiempo a quitarse las alas. Tampoco creo, que aún queriendo desprenderse de ellas, pudiera haberlas disimulado. Vino corriendo hacia mí, se me abalanzó, y me tumbó en el sofá.
Era la primera vez que nos veíamos y yo estaba nerviosa. Buscó mi cara y me desmontó con su mirada. Luego me contagió sus carcajadas. Y me enseñó a pedir música y juguetes en un idioma que sólo hablan en su cielo.
Hace no mucho que le enseñaron a andar. Y no sospecha que el día que lo conocí, yo aprendí un poco a volar. Es un ángel.. y su sonrisa se parece mucho a la de estos otros angelitos.
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