Entonces yo pronunciaba el nombre de aquella ciudad y te volvías loca. Imaginabas tantas cosas. La playa, el vino, la casa blanca que alguien te contó que había construido para ti. Eras más joven y lo siento, pero creo que también más guapa, y yo te hacía fotos que prometí mirar..sólo yo.
En aquel momento yo releía y devoraba "Crónicas de una muerte anunciada", y te diste cuenta, lo sé, de que te dejaba muy cerca aquel libro para que te metieras bien en la cabeza su título: “Crónicas- de una muerte -anunciada”.
Lo sabías, lo sabía, lo sabíamos. Lo nuestro tenía fecha de caducidad, un epitafio ya escrito, cruel, irrefutable, inevitable.
Tu querías salir corriendo todos los días y yo perseguirte. Tú, tropezarte para dejar que te cogiera... y yo...yo que alguien volviera a encadenarme al pasado para no poder seguirte y olvidar que te había conocido.
Lo respirábamos, lo olíamos, lo sentíamos, lo sabíamos. Pero quién de los dos se atrevía a perderse aquella historia. Cuando entonces yo pronunciaba el nombre de aquella ciudad y te volvías loca. E imaginabas la playa, el vino, la casa blanca que...
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