Aclarado esto, empezaré diciendo que este viernes no fue un viernes cualquiera. Me levanté tarde (mucho), había visita en casa, y tuve una tarde en la que sin currar... tuve algo de curro. Nada del 24 horas, y poco...sólo un poco de Twitter. Lo justo para atragantarme con un titular vomitivo: "Público cierra el domingo".
Tras deshacerme de compromisos varios, pensé: "No puedo renunciar del todo a esta preciosa tarde". Y me regalé un paseo al centro. Crucé los casi 800 metros del puente romano de Mérida y, viendo de lejos la Alcazaba, empecé a pensar en ellos: al final todo al garete. A Público le callan la boca este domingo. Sólo le dejaron respirar cinco años.
Y en mi atardecer emeritense, volví a poner caras a esos redactores sin rostro. Fue fácil. Les atribuí a todos ceños fruncidos, puños apretados y pasión en los ojos: actitudes de lucha hasta el final por hacer buen periodismo.
Me paré en el quiosco y pedí el número del día. "Lo compraré hoy y encargaré el de mañana y el del domingo, para no arriesgarme a perderlos", me dije. Y, en ese mismo instante, alguien comentó: "al final, hoy es el último ejemplar. Los trabajadores dicen que ya no salen más"
Rebusqué en mi monedero y pagué con un suspiro. Y me senté en un banco a leerlo. Lo hice como quien se sienta delante de una tumba pensando que no hay epitafio que pueda expresar el vacío que deja el que se ha ido.
Pasó el viernes, y el sábado. Y ayer domingo nació The Sun, de Rupert Murdoch. El mismo que, cuando tuvo que cerrar The News Of The World por el escándalo de las escuchas telefónicas, dijo aquello de "Lo sentimos, equivocamos el camino".
Y también ayer, casualmente, un amigo fiorentino me comentaba que, en Italia, hay periódicos doblando campanas que, de igual modo, suenan, como aquí, a réquiem.
Y también ayer, casualmente, un amigo fiorentino me comentaba que, en Italia, hay periódicos doblando campanas que, de igual modo, suenan, como aquí, a réquiem.
No voy a analizar si esos medios italianos equivocaron o no el camino. Tampoco si lo hicieron los gestores de Público. Pero sí voy a pararme a decir que tengo claro quién no se equivoca.
No son ellos. No confunden el camino los redactores, los que viven para contar historias, los profesionales que hacen periodismo. Los que en vez de matar, dan vida a los medios. Ellos no. Ellos sólo miman las palabras y perfeccionan sus titulares. Sólo hacen su trabajo. (Tampoco los cámaras, maquetadores, fotógrafos, realizadores, técnicos, grafistas y un larguísimo etcétera).
No son ellos. No confunden el camino los redactores, los que viven para contar historias, los profesionales que hacen periodismo. Los que en vez de matar, dan vida a los medios. Ellos no. Ellos sólo miman las palabras y perfeccionan sus titulares. Sólo hacen su trabajo. (Tampoco los cámaras, maquetadores, fotógrafos, realizadores, técnicos, grafistas y un larguísimo etcétera).
Los periódicos, las teles, las radios,...nacen y mueren. Incluso, a veces, se reproducen. También en Extremadura, el lugar en el que me paso las horas contando noticias e historias. Hace nada se nos fue Extremaduraldia y, aún con la rabia por su despedida, hemos vuelto a poner la sonrisa para dar la bienvenida a una nueva revista, a Informe Semanal Extremadura.
Lo dije y lo mantengo. Cuando un medio muere, un periodista resucita. Y añado, que cuando otro vuelve a nacer, sea de la línea editorial que sea, y del magnate o anunciantes que sea... el periodista ya está ahí, esperándole para soplarle vida.
Los medios pasan... los profesionales, permanecen.
Y lo más importante, independientemente del medio, como siempre, es tener claro para qué sirve realmente hacer periodismo.
Y lo más importante, independientemente del medio, como siempre, es tener claro para qué sirve realmente hacer periodismo.

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