Sé que sabes que esta contractura que me maltrata el cráneo y la espalda está más retorcida desde que llegaste tú. Y sí, también sé que sabes..........que sé que me engañas.
-Morena, mírame a la cara y dime, ¿qué te doy yo, aparte de disgustos?
-Quizá si cerramos los ojos, y damos media vuelta, esto se acabe para siempre. ((O tal vez siga todo igual))
-No me dejes nunca.
-¿Dónde dices que tienes apuntado el número del fisio?
Tu bucle y mi espiral.
Las malditas dudas que cargan mi espalda y tu pecho son "por qué" y HASTA CUÁNDO.
Sabes que lo sé, y puede que también sepas que ni siquiera me importa.
((Era cuando Mariela contaba los días para que la tierra se abriera y ae la tragara. A ella. No a él))
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