Una vez al mes (al menos), tengo ganas de llorar. Y otra, de borrarme del mundo. Lo que pasa es que no puedo contártelo. Es como si una especie de afonía me atormentara cada vez que tengo que pedir ayuda. Menos mal que, a veces, también ocurren los milagros. Como cuando se enciende la luz roja de la pantalla de mi móvil y....
Y de repente, vuelve la sonrisa. Y enseguida, las ganas de vivir. Y de pronto, tú otra vez: abriendo puertas a patadas.
-¿Sí?
-Pues claro, tonta. Llevo todo el día muriéndome por ti. Baja, que te estoy esperando en el coche.
((Tienes el poder de convertirme en boomerang, de hacerme volver con más fuerza. Incluso cuando ya casi me cuesta creer en mí. De desenterrarme. De hacerme grande.))
-¿Te he dicho alguna vez que eres perfecta?
- Tú lo que estás es perfectamente ciego. Arranca de una vez.
-A sus órdenes, princesa.
((Algún día te robaré la varita con la que consigues que todo sea como un sueño. Como me llamo Mariela)).

Un giño a nuestro Alex? "abre puertas a patadas, niña vuelve, que no hacen falta razones..." ;) Eva
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