viernes, 23 de noviembre de 2012

Las siete diferencias

Aquí, detrás de la cortina, debajo del sofá. En el tic-tac del despertador. Deslizándose por los nudillos hasta las yemas de los dedos. Y de ahí al teclado. Y luego en el duermevela. Y en las palabras de ella. Y en las de él. Y en las de aquella también.

-No quiero saber qué tipo de vida de mierda llevabas.
-Vale.
-Ni qué guardan tus silencios.
-De acuerdo

Como si comparas a Antonio Tabucchi con Federico Moccia. O el salado con el dulce. O el 24 horas con Telecinco. O el semidulce con el calimocho.

-Por qué te empeñas en buscar las siete diferencias.
-Es que aún no tengo claro que me hayas encontrado a mí.


La cojo. La enfrento. 
-Creo que no necesito abuela.

La carrera ha empezado y yo llevo sin fondo mucho tiempo. 
-Yo estaba antes.
-Yo no he venido a competir con nadie.

Hay días en que no necesito ases en la manga. Y otros en los que llevo el miedo metido en las botas.

-Yo también cuento hasta cinco antes de que el terror me empape. Aunque tú no lo sepas.






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