-¿Y también les has contado lo de aquella playa virgen? ¿Cuando me pediste que te hiciera el amor mientras las olas nos lamían los talones de los pies?
-Eso no cuenta. El mérito, que lo sepas, no fue de nadie más que del semidulce.
((Pongo en la balanza toda tu mierda y mi mierda juntas y siempre pesa más tu aliento. Tu respiración y tu boca acercándose a mi oído))
-¿Y qué más les has contado a esa panda de marujas?
-Que ya no me ponen tus canas.
((Lo que no cuento de ti, pensó para sí Mariela, es lo que ni yo misma me atrevo a creerme)).
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