-¿De cuando te miraba y no podías ni respirar?
(Ni de cuando me gustaba arrastrar el pie por debajo de las sábanas y chocarme con tu tobillo.)
Lo dijo mirándose al espejo, fría, mientras las lágrimas de él caían sobre el cristal del cuadro con la foto de Mariela. Era su preferida. Era de cuando ella sonreía de verdad. Era de cuando él aún no se había olvidado de cómo hacerle vibrar.
Sin querer, sin saber cómo, dejamos de acordarnos de cosas preciosas, y las sensaciones cambian o sencillamente se van...
ResponderEliminarSi de deja de regar, la planta se muere. Ya se sabe que todo está en los pequeños detalles.
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