martes, 21 de febrero de 2012

Ni el fútbol, ni el heavy, ni la carne de caza.

Son cosas que los míos saben. Que no me gusta el fútbol, ni el heavy, ni los perros. Tampoco los tatuajes. Ni la carne de caza.

Río y me retiro con una servilleta de papel la espuma de la caña con limón de los labios. Cuento las anécdotas de hoy. Y me enfado con los titulares negros del día.

Negaré haberlo dicho, pero sé que espías cada detalle. Y negaré también que desde que me levanto descuento los segundos para sentarme en un taburete y apoyarme en la barra de ese antro. Para hacerme masculina si hace falta y mezclarme en tu mismo corro.

Siempre digo la verdad pero si me preguntan, esta vez mentiré.  Negaré que hoy, tras salir del bar, he escrito en esa servilleta aún mojada de cerveza que sentir que clavas tu mirada en cada uno de mis gestos y notar que sonríes mientras me muevo...han sido los mejores momentos del día.

No me gusta el fútbol, ni el heavy, ni los perros. Ni los tatuajes. Ni la carne de caza. Creo que me gustas tú. Pero eso ya te lo explicaré algún día, si es que me pides explicaciones.

((Cuando le conoció se hizo toda una experta en adiestrar al rabillo de su ojo para verle sin mirarle. Era un chico descarado y guapo, de mirada transparente. De las que atraviesan y se quedan. De las que Mariela sabía que no podría enfrentar y seguir luego como si nada.))





miércoles, 15 de febrero de 2012

Bucles y espirales.

A veces creo que te inventas a ese amigo al que dices que cuentas que estoy loca por ti. No te conozco bien, ni sé tu verdadero nombre ni cuál es realmente tu vida. Sé que sólo sé cosas a medias. Y cuando me veo a mí misma descubriendo, de repente, otros cabos que no puedo atar, siempre digo lo mismo: A ver, guapa...dónde, dónde coño aprendiste tú a soportar con la cabeza tan alta esta sarta de mentiras.




Sé que sabes que esta contractura que me maltrata el cráneo y la espalda está más retorcida desde que llegaste tú. Y sí, también sé que sabes..........que sé que me engañas.

-Morena, mírame a la cara y dime, ¿qué te doy yo, aparte de disgustos?
-Quizá si cerramos los ojos, y damos media vuelta, esto se acabe para siempre. ((O tal vez siga todo igual))
-No me dejes nunca.
-¿Dónde dices que tienes apuntado el número del fisio?

Tu bucle y mi espiral.
Las malditas dudas que cargan mi espalda y tu pecho son  "por qué" y HASTA CUÁNDO.

Sabes que lo sé, y puede que también sepas que ni siquiera me importa.

((Era cuando Mariela contaba los días para que la tierra se abriera y ae la tragara. A ella. No a él))









viernes, 10 de febrero de 2012

Llamadas perdidas.


-¿Te ha quedado claro? A ver, repítelo.
-Que si un día no me haces feliz, te mande a la mierda. Eso ya lo tengo apuntado.
-¿Y qué más?
-Que no borre tu número de teléfono.. por si se me ocurre volver algún día.
-Muy bien. ¿Te hago un esquema?



((Me pasó una tarde, el mes pasado. Me comieron el bullicio, los cláxones y el ruido de las cajas de fruta que alguien lanzaba contra los contenedores. Madrid me asaltaba y se vengaba, sin importarle quién era, ni de dónde venía, ni todo lo que me había prometido sobre aquello de ser la ciudad de mis sueños. Volví la cabeza y entonces pude verme a mí...entre la gente: SOLA. A punto de llorar. Haciéndome pequeñita. "Llamo a la policía", pensé. Y marqué. Sólo después del primer tono me di cuenta de que aquello no era el 091 sino ese otro número. El tuyo. Marcado en la pantalla de mi nuevo Samsung Galaxy. Imaginé tu cara, sorprendido, dudando, tu corazón desbocado, como el mío. Pero cómo diablos he podido equivocarme. Colgué.

Luego la locura, el nudo en la garganta, la boca sin saliva, el no poder respirar.


Y a los diez segundos, tu llamada......................... perdida.

Y otra vez, volver a olvidarnos)).





miércoles, 8 de febrero de 2012

El mantra.

-Repítemelo como un mantra.
-Guapo, guapo, guapo, guapo, guapo. Guapo. Guapo. Guapísimo.
-¿Y dices que por esos ojos que me atraviesan tú ves bien?

((Se enteró de que lo contabas por ahí. Que te gustaba descolgar el teléfono y escuchar cómo ella se moría por ti.))







martes, 31 de enero de 2012

Si no eres real.

Por fin llego. Por las escaleras me descuelgo el bolso, me aflojo la coleta, y me despinto la sonrisa que lleva desfigurándome la cara toda la mañana.

-Acércate, bombón, que voy a derretirte.
-No quiero.
-¿Qué te pasa?
-Que todavía me acuerdo de cuando dijiste que Natalie Portman estaba buena...y aún no he acabado de morir de celos.
-Digo en el trabajo, que qué te ha pasado.

((Como cuando un piloto de Fórmula 1 ha perdido una pieza o está sin combustible. Entro en boxes con sólo mirarte. Luego tu hombro. Tu respiración cerca de mi cuello. Tu abrazarme por la espalda))

-Chssssssss....nena. La Portman esa...
-¿Qué?
- Lo de la suela y los zapatos.

((Si no eres real, aún no me pellizques)).


miércoles, 25 de enero de 2012

Miedo.

Disculpa, pero voy a recostarme un rato sobre mi caparazón. Las patitas hacia arriba, así, moviéndose, cansándose, desesperándose. Extasiadas. Asfixiadas. Sin saber, si después de tanto esfuerzo, podrán o no evitar que me aplastes.

Como Gregor Samsa en La Metamorfosis. Kafkianamente quiero sentirme solo yo y defenderme de ti. 

-Pero nena, ¿por qué siempre estás de uñas?
-¿Quién? ¿Yo?


((Miedo. De eso que noto cuando te acercas. Cuando me absorbes. Cuando me succionas. Como los polos de una pila: me cargas aunque me quiera descargar. Me da horror sentir que inevitablemente me mezclo contigo.  Y tengo pánico al día en que no sepa quién está dentro de quién. Qué coño has hecho para que no me reconozca sin haberte olido antes.))

-Eres lo más bonito que ha parido la madre tierra. Ven que te vea.
-Casi nadie me ha visto desnuda. Pero tú que puedes... por favor, no me mires por dentro. (TODAVÍA)















lunes, 23 de enero de 2012

No te acerques.

No te acerques. Escucha, si quieres, sólo mi respiración. No puedo quitarme esta escafandra mientras camino por el espacio exterior. Lo he creado sólo para mí  y he establecido sus propias reglas. Aquí nada duele ni da ganas de llorar. Estoy a salvo de todo, incluso de ti.

-A veces no sé si me he enamorado de una persona o de una réplica de la dama de Elche.
-Algún día entenderás por qué soy de ese tipo de mujeres que nunca llevan kleanex en el bolso.




Respiro FUERTE. Cuando no estés volveré a ser de papel, de juguete, torpe, de hielo derretido. A arrugarme, a romperme, a resbalarme, a secarme. Sin que me veas. Sin que se note. Sin que lo sepas.

No...
...........te acerques.

jueves, 19 de enero de 2012

Haberlo pensado antes.

Por aquel entonces iba a clase diaria para aprender hablar con metáforas. Y después, con el equilibrista, perfeccionaba el baile sobre la cuerda floja... una vez a la semana. El maestro de esgrima le enseñó a sentirse cómoda entre la espada y la pared.


Era cuando Mariela podía respirar sin aire y llorar con sonrisas. Era, también, cuando era especialista en gritar con silencios.

-Esto nos va a llevar por delante, nena.
-(...) Haberlo pensado antes.







miércoles, 18 de enero de 2012

Lo que no cuento de ti.

-Como cuando me dijiste que era la única persona que podía convertir en infierno el mismo paraíso. Casi vomito la tortilla de camarones.

-¿Y también les has contado lo de aquella playa virgen? ¿Cuando me pediste que te hiciera el amor mientras las olas nos lamían los talones de los pies?

-Eso no cuenta. El mérito, que lo sepas, no fue de nadie más que del semidulce.

((Pongo en la balanza toda tu mierda y mi mierda juntas y siempre pesa más tu aliento. Tu respiración y tu boca acercándose a mi oído))

-¿Y qué más les has contado a esa panda de marujas?
-Que ya no me ponen tus canas.

((Lo que no cuento de ti, pensó para sí Mariela, es lo que ni yo misma me atrevo a creerme)).





miércoles, 11 de enero de 2012

Ya casi no me acuerdo.

-Ya casi no me acuerdo.
-¿De cuando te miraba y no podías ni respirar?

(Ni de cuando me gustaba arrastrar el pie por debajo de las sábanas y chocarme con tu tobillo.)

Lo dijo mirándose al espejo, fría, mientras las lágrimas de él caían sobre el cristal del cuadro con la foto de Mariela. Era su preferida. Era de cuando ella sonreía de verdad. Era de cuando él aún no se había olvidado de cómo hacerle vibrar.